Pequeñas decisiones desafortunadas,
Aquel evento me costó una caída; un porrazo que no vi venir.
Habitualmente pensamos que las grandes decisiones definen la vida y hay que darles la mayor importancia. Y no lo negaremos.
Las decisiones pequeñas pareciera que no se deben pensar demasiado: solo hay que hacerlas y ya. Pero el conjunto de ellas define el carácter, mantiene la salud y favorece el bienestar de cada día.
El evento aquel no estaba agendado.
Pero aceptamos la organización y toda la producción que conlleva: tú sabes, la decoración, qué se servirá, las compras, qué mantelería, qué música y todo eso.
El equipo de servicio estuvo a la altura.
Los invitados fueron bien recibidos, se sintieron cómodos, el ambiente fue armonioso, se retiraron contentos.
Un día antes cambié el lugar de las compras.
La primera decisión desafortunada que desencadenó otras.
No mantuve el horario para salir. Resolví ir sola.
Pequeños cambios... un resbalón en el pasillo de las tortas. «¡Jesús, Jesús!», grité cuando iba cayendo.
Si el Señor no me auxilia, la quebradera de piernas se avizoraba en el futuro inmediato.
Gracias a Dios, ningún hueso roto.
Ni siquiera tuve tiempo para la vergüenza.
Recordé ese verso del libro Cantares:
"Debes atrapar a los zorros problemáticos, esos pequeños zorros astutos que obstaculizan nuestra relación.” (Versión TPT)
Todos (o casi) tomamos decisiones impensadas, por "tincadas" ; decimos palabras incorrectas, mantenemos hábitos nocivos, actitudes descuidadas, todo contribuye a sostenernos en pie o a hacernos caer en un pasillo resbaladizo.
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La ilustración:
Zorros de Franz Marc.
Zorros de Franz Marc.

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