Mentirosos en estado puro.

"Yo soy el camino, la verdad y la vida." 
Juan 14:6 

Mi santa madre tenía opinión de todo y, muchas veces, tenía toda la razón.
No le gustaban los políticos. Decía que, en general, son mentirosos en estado puro.

¿Has oído  la frase  “miente, miente, que algo queda”? 
Algunos se la endosan a Medion de Larisa, consejero de Alejandro Magno, a quien Plutarco atribuye la estrategia de sembrar calumnias audaces, afirmando que aunque la mentira sea desmentida, siempre quedará una cicatriz o residuo. 
La historia humana está llena de inexactitudes, omisiones y, derechamente, mentiras flagrantes. 
Un botón de muestra: 
Durante la Edad Media se veneraban varios cráneos de Juan el Bautista repartidos por Europa. 
Cada ciudad sostenía que  su reliquia era la verdadera. 

Mentir con convicción tiene un enorme poder. 
Y aunque  no sea verdad,  los seres humanos necesitan   creer en algo, incluso mentiras que se sabe no se podrán cumplir.  
Necesitamos certezas.  Historias que nos den un asidero en el mundo. 
Los tiempos que vivimos son inciertos, se tejen muchas teorías que parecen razonables, desde los  terraplanistas, negacionistas, increyentes y un largo etc.
Afirmar nuestra fe en Cristo y su Palabra que no cambia es de extrema prioridad. 

Muchas veces nos quedamos en el mito y dejamos que otros asuman la responsabilidad de nuestras elecciones y cuando estas fracasan nos desilusionamos de los consejeros. 
¿Por qué no ir a la fuente primaria? 
¿Por qué abandonar a Cristo para buscar otras verdades más novedosas?  

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos;   y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»
Juan 8:31-32
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