La ruptura del círculo.


Mi amiga C sufrió fractura de costillas, un moretón en el rostro y la humillación del alma. 
El hombre que ama se excedió en unas copas. 
Una historia frecuente. 
Mientras lees esto una mujer está muriendo a manos de su esposo o un familiar cercano.
Cada 10 minutos hay un femicidio. .
Una realidad aterrante. 
Una realidad muy alejada de los principios que Dios estableció para la pareja y cómo tratarse, en especial al interior del hogar.
“Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.”
Efesios 5:33 
En el mundo greco-romano el matrimonio era un contrato económico. 
En ese contexto, ordenar al hombre que ame —con el verbo agapaō, amor deliberado y sostenido— es subversivo. 
No le da poder sobre la esposa: le da responsabilidad hacia ella. 
El mandato es asimétrico con intención: al hombre se le pide lo que le cuesta más (dar amor sostenido); a la mujer, lo que edifica la identidad del hombre en el hogar (el respeto ). 
 
“El amor no es un sentimiento. Es una decisión que se renueva cada mañana, especialmente cuando los sentimientos han enfriado.” — Gary Chapman.

Cuando Pablo en Efesios 5:33 finalmente ordena amar, lo hace porque en el marco cristiano el amor ya no depende solo de la voluntad humana: el Espíritu lo derrama (Romanos 5:5). El mandato es posible porque el amor ya fue recibido primero.  

Hay dos armas que rompen el círculo de una pareja: la mano del hombre que golpea y la boca de la mujer que denigra. Ambas llevan a un deterioro y, en algunas ocasiones, a la ruptura.
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