Autocuidado: atrapados en el drama.

A ella le encantaba contrapuntear en la conversación. 
Y él no lo hacía nada mal. 
Si ella decía blanco, él la refutaba con negro. 
Si él decía “los porotos me hacen mal”, ella nos instruía en los beneficios de ingerir legumbres. 
Y así fueron por la vida, como si contradecir les proveyera de nuevas energías.
Un dia cualquiera  se dieron cuenta de la toxicidad de sus palabras. 
Porque las palabras son como fuego, una espada que cala poco a poco hasta que te das cuenta lo herido que estás.  
En ese punto ya no hay regreso, avenencia o armonía. 
Obvio, terminaron en divorcio. 
¿Tienes lazos tóxicos que te quitan el sueño y te tienen con úlceras estomacales? 
A veces somos autoflagelantes. 
Como si el complemento que necesitamos  fuera alguien que nos hace sufrir, tipo serie coreana, bien melodramática. 
Sin drama se pierde interés.
¿Será?
No dejes de recordarles esto. Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes.
2 Timoteo 2:14
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