Perdonar es un estilo de vida.


Apuesto (aunque los evangélicos no apostamos) que más de alguna vez te traicionaron. 
¿Más de una? 
Sí, más de una vez nos mintieron, 
nos dejaron esperando, 
nos vendieron por un precio irrisorio que se diluyó en el tiempo. 

Los once hermanos de José   urdieron una historia truculenta para contarle al padre; 
“Entonces los hermanos mataron un cabrito y mojaron la túnica de José con la sangre. Luego enviaron la hermosa túnica a su padre con el siguiente mensaje: «Mira lo que encontramos. Esta túnica, ¿no es la de tu hijo?».
Génesis 37:31-32 
Y mientras el padre lo lloraba, José -un muchacho-, iba de camino al mercado de esclavos. 
¡Hipócritas traidores! 
Vivieron impasibles ante el dolor de un anciano. 
Los años de mentira llegan a un fin, ese dicho que “se pilla primero a un mentiroso que a un ladrón” fue efectivo en ellos. 
De pronto una intensa hambre azotó el mundo. 
Todos fueron a Egipto, allí había grano a la venta. 
Los hermanos de José viajaron allí; José los reconoció. 
Los traidores habían llegado a su red. 
Podría jugar al horror con ellos, matarlos si quería, resarcirse de la crueldad pasada. 
Cobrar por cada ofensa. 
No dejar impune la injuria. 
“Pero José les respondió: —No me tengan miedo. ¿Acaso soy Dios para castigarlos? 
Ustedes se propusieron hacerme mal, pero Dios dispuso todo para bien. (...) 
No, no tengan miedo. 
Yo seguiré cuidando de ustedes y de sus hijos. 
Así que hablándoles con ternura y bondad, los reconfortó.” 
Génesis 50:19-21 NTV
*
Y tú, ¿qué  harás con tus traidores?
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