Nadie me mira

Camino por cualquier calle de Santiago. 
Nadie me mira. 
Subo a un bus, me siento, 
nadie me mira. 
Entro a un restaurante
ningún comensal me mira, 
todos están en  su celular. 

Miran playas  paraíso
puestas de sol, 
países exóticos, noticias, vídeos, 
tal vez hasta devocionales como este
ninguno ve al otro.

No puedo luchar con 7.000 millones de smartphones.
Nadie me mira, solo Dios. 
*
Con la invasión de aparatos tecnológicos  la conexión física ha cambiado.  
Un poco más distante; un poco impersonal. 
¿Deberíamos abandonar la vida digital y volver a los ochentas?
¿La inteligencia artificial reemplazará la vida de familia, de barrio o de iglesia?
¿Nos transformaremos en una extensión del artilugio este?
¿Llegaremos a ser dominados por las máquinas como algunos pronostican?

Desde siempre el mundo cambia, todo se mueve, muchas veces los descubrimientos nos desconciertan.   Algunos estudiosos proponen una desconexión voluntaria o una desintoxicación digital  para reducir el estrés y la ansiedad. 
Un día sin redes sociales, un día sin celular, solo un día...

 Sería saludable recordar al apóstol Pablo:
Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. 
 aunque «se me permite hacer cualquier cosa», no debo volverme esclavo de nada.
1 Corintios  6:12 NTV
*

Si tienes alguna curiosidad acerca de la historia de nuestro móvil,  puedes leer aqui:




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